Los virus han existido desde la misma historia de la humanidad. Google nos dice que son microorganismos compuestos por material genético protegido por un envoltorio proteico que causa diversas enfermedades introduciéndose como parásito en una célula para reproducirse en ella. Por otro lado, está la definición informática; programa de computadora confeccionado en el anonimato que tiene la capacidad de reproducirse y transmitirse independientemente de la voluntad del operador y que causa alteraciones más o menos graves en el funcionamiento de la computadora.
No creo que exista una sola persona en el mundo que no haya escuchado coronavirus en los últimos 90 días. Jamás en la historia de la humanidad, la evolución de una pandemia ha sido seguida por miles de millones de personas y prácticamente en vivo. Lo que en diciembre de 2019 era un meme gracioso en redes sociales; mostrando que alguien había cocinado un murciélago en China habiendo tantas otras cosas para comer en el planeta; hoy se ha convertido en titular de casi todos los periódicos del mundo. Ahora la amenaza es real. Hay un virus que no tiene vacuna y posee una mortalidad bastante incierta porque nadie sabe a ciencia cierta la cantidad de gente infectada. Por primera vez en la historia de todos los que estamos vivos, hay un enemigo invisible afuera. Acechando.
En 180 días desde el inicio de la enfermedad en Wuhan, el planeta mismo ha cambiado. Nos acercamos a los 5 millones de contagios y a las 400K muertes (4.6MM y 312K respectivamente al 17 de mayo). Prácticamente todos los países del planeta con restricciones de movilidad o en cuarentena. Por otro lado, se ha observado miles de fotos en todo social media que los animales están ocupando los espacios dejados por los humanos. Se ve delfines en Venecia, leones en el asfalto que cruza el Kruger National Park en Sudáfrica o aves silvestres en la calle Esteban Arze en Cochabamba. En ese mismo sentido los niveles de polución en urbes como la Llajta se han visto reducidos drásticamente. El planeta parecería estar tomando un respiro de todas las personas.
Como boliviano, siempre he tenido un sentimiento de unión con la tierra; con la Pachamama. Esa unión no descrita formalmente en ningún libro pero que Pacha es lo natural; entendiéndose por natural todo lo que el hombre no ha modificado de alguna forma. Leí un tweet de la Duquesa de York en un artículo, que decía que la naturaleza nos había dado una lección enviándonos a nuestro cuarto, como los niños malcriados que somos. Sin embargo, naturaleza o Pachamama tienen una connotación no secular en absoluto. Esta más relacionada con nuestras creencias religiosas o existenciales. El ser humano tiene una particularidad. No nos damos cuenta de la miseria humana hasta que no se ve reflejado en primera persona, en algo físico. Que lo podemos ver o sentir. No importa que haya miles de muertos y millones de contagiados, nunca creemos cierto el riesgo hasta que lo vemos en alguien que conocemos.
Esta misma lógica se aplica a nuestro planeta. Actualmente el planeta esta sobrepoblado, somos 7.700.000.000 de personas aproximadamente. Según el banco mundial el 10% de la gente vive bajo la línea de la pobreza, es decir 770 millones de personas. La línea de pobreza fue definida como gente que vive con menos de USD 1.90 al día. Este número tiende a subir por el coronavirus y sus efectos colaterales. La economía esta sufriendo la peor recesión global de la que tengamos memoria y no hay rastros de que esto vaya a mejorar pronto.
Pero algo que la humanidad tiene que entender es que la economía está basada en el comportamiento, estructura e interrelación entre variables agregadas como producción nacional total, pagos, tasas de empleos y desempleo, interés, inflación, etc. O a nivel más micro los consumidores, empresas, inversores, capital de trabajo, costos de manufactura, etc. Ahora, el ingrediente fundamental en debate es que nadie piensa en la capacidad sostenible de nuestro planeta para estos fines económicos. Cuando alguien quiere hacer empresa o negocios piensa en el costo de manufactura y en el margen de utilidad final después de costos indirectos o directos. Nadie se pone a pensar que al planeta le cuesta soportar un crecimiento exponencial de seres humanos. De 1950 a la fecha, la población se ha triplicado.
La cantidad de recursos naturales para superar el umbral de pobreza y mucho más para que toda la humanidad llegue a ser clase media es insostenible, y en mi opinión imposible bajo el sistema mundial actual. Si a esto le sumamos que esta cantidad gigantesca de personas no tiene un respeto por la naturaleza y los animales; introduciéndonos con nuestras formas y maneras en cada rincón de este planeta, llegamos a ser el depredador natural de cada forma de vida posible y esas formas vuelven a nosotros.
El ejemplo de china y sus wet markets, donde hay una gran cantidad de animales salvajes que están muertos o vivos, pero listos para ser ejecutados para el fin gastronómico, medicinal o místico que el cliente solicite. Pero no hay mucha diferencia con lo que hacemos con la agroindustria y los agentes transgénicos, para maximizar rendimiento y finalmente márgenes de utilidad.
La pregunta entonces es, ¿Que nos hace humanos? La inteligencia para ser productivos, el cumplir con todos nuestros fines económicos de subsistencia. ¿Dónde queda el amor, la importancia en el otro, ya sea un miembro de tu misma especie humana, o hacia las plantas o animales?
Cuando nos pondremos a pensar que los costos más bajos de los bienes que compramos tienen una connotación económica de producción y consumo a mayor escala. Esta producción a mayor escala esta matando al planeta. Vivimos del consumismo, del fast fashion. Compramos cosas que no necesitamos para mostrarlas a gente que no les importamos. Estamos en una cruzada histórica con respecto al futuro de la humanidad. Cambios climáticos, devastación de la economía, incendios forestales, pandemias mundiales y muchas otras cosas más que van a llegar.
En esta cuarentena al lavar los platos, al forzarte a estar en casa te has dado cuenta de que el pedir comida diariamente en envases no reciclables, el ponerte las camisas, joyas y jeans de marca no ha sido necesario. Has sobrevivido.
Ya no podemos ocultar bajo la alfombra las toneladas de basura y plástico que producimos diariamente. Ya no las podemos mandar a islas lejanas de basura, de vuelta a China o al botadero de K’ara K’ara. Todos los habitantes del mundo tenemos que replantear nuestra humanidad, nuestra relación con la naturaleza y nuestros hábitos de consumo antes que sea demasiado tarde.
Un virus nos esta acechando. Tal vez vale la pena ver que virus está afectando a nuestra computadora mental y que virus está acechando al planeta tierra también.
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