Lecciones aprendidas: Sudáfrica del 2000 a Bolivia del 2020

Era enero del 2000, tenía 17 años y acababa de salir bachiller. Habían pasado dos años de prepararme y lograr ser elegido para irme de intercambio estudiantil mediante Rotary International. Me preguntaron en el proceso de selección donde quería irme. Mi respuesta fue lo más lejos posible. Tenia una necesidad de conocer el mundo de la forma más diferente a mi realidad boliviana. El destino fue elegido por el destino mismo: Durban, Sudáfrica.

La Sudáfrica a la cual llegué, estaba saliendo del cambio más trascendental de su historia. Habían pasado apenas seis años desde la caída del apartheid y estaban en un proceso de curar heridas y pensar que querían ser como país. Llegar a ese país fue el inicio de entender heridas profundas de Bolivia.  Era inevitable ver similitudes entre ambos países desde un punto de vista de distribución demográfica y desigualdad.

Bolivia de los últimos años de los 90s e inicios de los 2000s era gobernada por Hugo Banzer. El general retirado recibió el mando de Gonzalo Sanchez de Lozada.  La Bolivia que me acuerdo estaba marcada por una mezcla de racismo, colonialismo, regionalismo y clasismo.  Se notaba que era una bomba de tiempo. Claramente el sentimiento de una mayoría indígena o con raíces indígenas era minimizado o ignorado por una clase gobernante que no lo los incluía ni los representaba.

Mi primer día en Sudáfrica fue llegar a Isipingo, un suburbio de Durban mayoritariamente asiático. Ser recibido por mis padres anfitriones fue una mezcla de sentimientos y confrontación de realidades.  La familia apellidaba Ramsunder y sus antepasados eran de la India. Ese día me enteré de que en Sudáfrica y particularmente en la provincia Kwazulu Natal vive la población más grande de la India en el hemisferio sur. Alrededor de dos millones de personas en esos años. Llegaron a principios del siglo pasado como esclavos a trabajar en la caña de azúcar.

A falta de internet, abrimos el almanaque mundial para que yo orgullosamente les muestre mi país de origen. Al abrir Bolivia solamente había dos fotos, una de La Paz y la Plaza Murillo y otra de unos mineros en Potosí. Jay Ramsunder y su familia dijo inmediatamente al ver la foto del minero que los bolivianos se parecían a ellos.  Recuerdo claramente ese momento, porque fue la primera vez que racionalmente me puse a pensar en el color de la piel y rasgos físicos de que nos hace bolivianos para poder responder a la observación de ellos.

Les explique basando mis respuestas en las clases de historia que me acordaba del Colegio La Salle. Empecé con Cristóbal Colon y terminé con que Bolivia era una mezcla de 500 años de mestizaje y que había bolivianos de todos los colores. Sin embargo, ese pensamiento y auto análisis me llevo a cuestionar mi origen, mis rasgos físicos y mi propio mestizaje.

Sudáfrica es un país con cuatro grupos raciales mayoritarios. La población negra que representa el 80%, los blancos alrededor de 9% (solía ser 15% durante mi estadía ahí), los mulatos alrededor de 7% y un 4% asiático, mayoritariamente indio.

Allá por el año 2000, las poblaciones y áreas de la ciudad estaban claramente marcadas por un identificador racial.  Había zonas de blancos, de negros, de indios. (En Bolivia hay el error común de decirle hindús, cuando el gentilicio correcto es indio).
Todo sin embargo empezaba a cambiar…

El primer colegio al que asistí era un colegio históricamente británico, donde había gente de todas las razas.  Sin embargo, eso no había pasado hace mucho.  Ese fue un momento clave en empezar a entender el racismo disimulado tanto en Sudáfrica como en Bolivia.  Durante las clases escolares, todos estaban mezclados, no se sentía un racismo. Sin embargo, tan pronto sonaba el timbre del recreo las cosas cambiaban. Cada grupo racial tenia su propio circulo y muy rara vez se mezclaban.

Al ser un boliviano, mestizo hasta la médula; ni blanco, ni negro, con ojos achinados y con poca barba parecía mas un extraterrestre siendo escaneado por sus casuales compañeros de colegio, tratando de identificar que cosa exactamente era yo.

Durante varios días no hablé con nadie, y mis mejores amigos eran los nerds de la clase de computación que me permitían usar el Internet limitado para mandar emails a Bolivia en el recreo.

A medida que pasaron los días decidí ir probando suerte. Empecé con compañeros indios, dado que tenia un hermano menor que me presentaba a sus amigos. No tuve mucha suerte, me hicieron a un lado y me fue muy difícil integrarme.  Intenté hablar con compañeros negros y la primera barrera que sufrí fue el lenguaje. Ellos hablaban zulú en los recreos y tampoco tenían mucho interés en conocer al boliviano. Finalmente conocí a los blancos. Me enteré de que había dos clases de blancos en general, los de ascendencia británica y los de ascendencia holandesa, que también hablaban otro idioma, llamado Afrikáans.  Con el pasar de los días,” los blancos” se convirtieron en mis mejores amigos por una cuestión de aproximación cultural. La comida era parecida y la conversación adolescente de chicas y autos también.  Fueron meses muy buenos, disfrutando de un estilo de vida lekker, o muy cool en modismos sudafricanos; buenos amigos en el colegio y una muy linda familia que me ayudaba. Al final de cuentas, una buena integración.

Sin embargo, esto trajo consigo muchos efectos colaterales; la familia con la que vivía asumió de que conscientemente tenía una preferencia de amistad con blancos y no con indios. Al cabo de unos meses y por políticas del Rotary Club al que pertenecía, decidieron cambiarme de casa y de colegio.

Deje mi colegio británico y mi casa y me mudaron a otra zona distante a una hora y media en auto. En este nuevo colegio y familia entendí que no todos los descendientes indios tienen la misma raza. Entendí otro tipo de racismo, regionalismo o discriminación por religión. Empecé a vivir con una familia tamil, que hablaba otro idioma y tenia otros rasgos. Existía una separación entre la población hindú y la tamil, ambas de la India, por cuestiones regionales, raciales y culturales.

En este nuevo colegio yo era el único no indio o negro. Si en el otro colegio era un extraterrestre, en este era un alíen al cual querían aniquilar.  La integración no fue nada fácil y durante los tres meses ahí, si no hubiera sido por un par de amigos que me defendieron a capa y espada probablemente hubiera terminado golpeado o desaparecido. Las dos cosas gratas que recuerdo, fueron tener como hermano  de intercambio a mi nuevo mejor amigo; uno de esos ángeles que le caen en la vida a uno. Y el otro gran recuerdo, era que estaba de moda Living la Vida Loca de Ricky Martin y al ser el único espécimen latino atraía la atención de las chicas de las dos razas presentes en el colegio. Ellas se convirtieron en mis mejores amigas y algunos de sus novios en mis protectores. Obviamente esto también atraía el odio de todos los demás.

Jamás logre integrarme y después de muchas lágrimas, peleas y amenazas logre que me devuelvan a mi primer colegio. Mi familia boliviana me ayudo para que me reciba la familia del sudafricano que vivía en mi casa.

Estos otros 4 meses fueron muy buenos, logre viajar por Sudáfrica, conocer Mozambique y Lesotho. Esta familia era Afrikáans, descendientes holandeses.  Tenia una hermana que hasta hoy mantengo contacto y fueron tiempos muy buenos. Empero, me golpeaba el racismo que sentía y veía por parte de mi nuevo papa de intercambio. Desde una prohibición a no ver Bill Costby,  o despreciar ese deporte de negros. El fútbol que me unió con mis amigos sudafricanos de todos los colores.
Se sentía una añoranza en él, en que los tiempos pre-apartheid fueron los mejores. Todavía mantenía la bandera sudafricana antigua en su bar como símbolo de tiempos mejores. Esto trajo conmigo una inseguridad que derivo hasta en inventarme una ascendencia española no real, para minimizar ese racismo que muchas veces me trasmitía. Mi historia del almanaque mundial ya no aplicaba para zafar bien parado en este caso. Lo realmente bueno fue encontrarme con mis buenos amigos que había dejado antes.

Nuevamente por políticas de Rotary de cambiar de casa a los estudiantes de intercambio cada cierto tiempo, tenía que dejar esta casa y migrar a una nueva.  Teniendo en cuenta mi fracaso en Effingham, no quería cambiar de colegio, y logre que me reciba mi familia favorita india nuevamente.
Estos meses restantes tuvieron una carga muy fuerte emotiva. Mi lazo con mis amigos blancos era mas fuerte y la casa donde vivía con mi familia india estaba a una hora del colegio y a la vez de la casa de mis amigos. Por más increíble que suena yo tenia prohibido usar transporte publico para movilizarme; al ser “blanco” era muy peligroso. Y esto no era una leyenda urbana. Uno de los estudiantes de intercambio antes que yo había salido en un “taxi” y estaba desaparecido.

Esto ocasiono que no pueda tener amigos y sea un prisionero en mi propia casa. Al buscar soluciones con mi consejera estudiantil y Rotary Club, lo único que ocasione fue que me tildaran de racista en mi propia casa y club por querer ver a mis amigos. Esto tuvo un desenlace traumático.  Mi caso escaló a nivel distrito para el Rotary y fue usado como una lucha entre clubes, del porque tienen dificultades en integrarse Rotary Clubs mayoritariamente indios vs blancos.

Finalmente, una increíble familia, la del presidente del distrito me llevó a su casa durante los últimos meses de mi incursión africana. Esta familia era descendiente escocesa y me trataron como un hijo.  Disfrute de mis amigos, y de una gran familia.

Al final del año, me hicieron una despedida que recuerdo hasta hoy. Describía lo agradecido que me sentían con las cuatro familias que me recibieron en sus casas y todo lo que había aprendido en cada una de ellas, lo bueno y lo malo. También recuerdo llorar muy amargamente cuando pronunciaba sus nombres y las familias indias con las que viví decidieron no ir.  Fui una victima colateral del racismo que existía entre las diferentes partes de la sociedad sudafricana en ese entonces.

Han pasado 20 años de estos relatos; mantengo una cálida pero distante relación con algunos amigos y familia de Durban. Nunca pude volver y nunca los volví a ver.
Hoy veo a través de las redes sociales como ha evolucionado el país. Veo que Blancos, negros, indios y mulatos están mucho más integrados. Hay una amistad real sin ver el color de la piel. También sigo leyendo algunos periódicos locales y veo leyes laborales que son una locura, favoreciendo a la raza originaria africana sobre los blancos, mulatos o indios en puestos de trabajo. Esto ha ocasionado que un porcentaje significativo de blancos nacidos y criados en Sudáfrica se vayan a Europa, Estados Unidos o Australia. Esto no solamente es un problema para los blancos; el gobierno sudafricano ha intentado reducir esa migración en los últimos años por lo que representa en términos intelectuales y productivos o simplemente fuga de talento y capital.

Bolivia tiene mucho que aprender de Sudáfrica para lo bueno y para lo malo. Nelson Mandela fue un presidente que mediante un discurso de unificación y perdón logro reconstruir un país. Cambio la bandera y el eslogan de país al “Rainbow Country” intentando simbolizar la diversidad cultura del país. El himno contiene estrofas en diferentes lenguas como simbolismo unificador y su bandera es mi favorita de mundo entero.
Yo fui un daño colateral de los cimientos que se estaban fraccionando, solidificando y a la vez cambiando de una sociedad sudafricana post-apartheid.  No obstante, no hay un día que no agradezca todas las enseñanzas de ese país, porque todo lo que vendría después en mi vida tiene un componente multicultural que vendrá en otro artículo.

Definitivamente en Bolivia no tuvimos la suerte de tener un Nelson Mandela, pero el cambio que se inicio el 2006 es un proceso irreversible y ademas necesario, donde los bolivianos nos vemos a nosotros mismos y pensamos que somos; que nos hace realmente bolivianos.

La complejidad boliviana no nace solamente en la raza como en la Sudáfrica del 2000, tiene connotaciones además regionales, económicas y porcentajes de población urbana y rural.  El estado plurinacional de Bolivia es multicultural, Según el Censo de 2012, un 40,6% de los bolivianos se reconocieron como parte un pueblo o nación indígena. El restante 59.4% no se identifica como tal.

Bolivia tiene el reto, como lo tuvo Sudáfrica hace 20 años de reconstruir su sociedad y hacer las paces con su pasado.  El identificarse con una nación indígena o no, no es un factor decisivo para identificarse con ser boliviano. El ser boliviano es amar a esta tierra.
Hay un cambio absoluto en como evolucionamos como sociedad y como país. Entender y estudiar demográficamente Bolivia que no sea solamente tarea de estrategas políticos para buscar votos; que sea también para el ciudadano de a pie, para conocernos, para aceptar pensamientos diferentes. En una sociedad donde todos piensan igual se piensa menos. Pero también en una sociedad sin empatía hacia el otro, desconociendo otras realidades a la propia, no se avanza.

Todos somos distintos, pero todos somos bolivianos.

 

img_8024Mi primera familia en Sudáfrica. img_8020
Mis mejores amigos en Grosvenor Boys.
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Clase del 2000
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Mis hermanos de la segunda familia.
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Mi hermano de la segunda familia.
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Mis amigas del segundo colegio.
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Mis amigos de intercambio de muchos lugares del mundo.
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Mi último día en Sudáfrica. Dándome la despedida mi última familia y mis dos mejores amigos. Nos volvimos a encontrar muchas veces en el futuro.
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En la casa de mi mejor amigo antes de irnos a mi primera fiesta.
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Conociendo con Rotary la cultura Zulu.

 

 

 

 

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