El país que vive en ti

Leí un post de Xavier Jordan, titulado “Así soy boliviano” y me puse a pensar que me hace boliviano. Nací en La Paz y muy chico me mudé a Cochabamba. En la llajta me sentía paceño, y en cualquier otro lugar incluida La Paz totalmente cochala. Aunque eso parece una locura, ese sentimiento de pertenencia doble o ninguna pertenencia, me hizo sentir siempre diferente.

Tuve la suerte de vivir en Sudáfrica entre mis 17 y 18, y como hablé en otro artículo hizo que me cuestionara mi bolivianidad. Al volver a Bolivia me invadió un sentimiento entre patriota y hippie de entender, respetar y cuidar lo que es mío; desde mi familia hasta nuestra cultura. Empecé a vivir una vida mucho más cercana a la de la mayoría del país y más alejada de lo que mi círculo social directo entendía. Me llevó a conocer gente y pueblos, a viajes solo, a visitar chicherías, bares y restaurantes de todo tipo. Sin embargo por más que le di muchas oportunidades a la chicha y al chicharrón nunca fueron mi elección favorita.

Al terminar la universidad y después de un par de años trabajando para empresas extranjeras y Comteco, me cansé de lo que me ofrecía el país a nivel profesional. A los 26 decidí tirar vuelo al Reino Unido; a Inglaterra y a Manchester para ser precisos. Durante esos casi dos años sin volver, me conocí a mi mismo a través de lo que viví. Llegué a las lágrimas un seis de agosto con …”Lindas montañas te vieron nacer, El illimani tu cuna meció Y la kantuta su alma te dio Collita tenías que ser…”.  O con “Desapareciendo” del Grillo Villegas que me recuerda eternamente a mi papá. Un chuflay nunca se sintió mejor que en ese cuarto en Salford.

La política siempre está en cualquier reunión social y ser boliviano es siempre desafiante en estas charlas. Por las pocas cosas que nos recuerdan, es por la muerte del Che Guevara, por el narcotráfico, y por la chompa del expresidente. En Europa me hicieron sentir un ultra derecha discutiendo ideas de Bolivia con hippies franceses que creían que Evo Morales era Dios sobre la tierra, sin tener idea del contexto boliviano. También me sentí un ultra izquierda debatiendo con europeos fascistas que encasillaban el concepto de que significa ser indígena en Bolivia.

En Inglaterra disfruté mucho la multiculturalidad; mis mejores amigos eran ingleses con ascendencia italiana, paquistaní e India. Mi círculo cercano tenía amigos ingleses, argentinos, indios, españoles, checos, italianos y polacos. Sería una mentira decir que extrañe la comida o el ritmo de vida; disfrute cada segundo en ese país como si fuera el último. Llegué a amar el pesto italiano, el curry indio y los crumpets británicos. También quiero creer que ellos llegaron a amar el pique macho o el silpancho.

Al volver, y durante los últimos 10 años la vida laboral me ha unido con Estados Unidos y con Miami de una forma permanente. Todos los pre-conceptos errados que tenia han ido reseteándose. El entender que un gobierno no siempre es la representación de su gente. Miami hoy es parte mía como antes lo fue Durban o Manchester. El vivir en otras latitudes genera otro tipo de vinculo al de tu origen.

Cuando van transcurriendo los años te das cuenta que la edad te permite vivir varías vidas en una. Puedes ser el estudiante, el inmigrante, el fracasado, el exitoso, el hijo o el padre, o el blanco o el negro, o la izquierda o la derecha a medida que te vas conociendo y vas aprendiendo de nuevas personas e ideas. El que te gusta el chicharrón o el pesto, la morenada o rock, o que bailes caporal o house no determina tu nivel de bolivianidad.

Casi nada es absoluto en la vida, pero ser de donde eres si. Sentirse boliviano SIEMPRE a pesar de cambios, gustos o circunstancias. Saber que casi todo lo que importa en tu vida está ahí, cerca de ti. Lo que te hace boliviano, es querer al país que vive dentro de ti.

Gracias a la vida por haber nacido en Bolivia.

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