Era agosto de 2010. El Mundial de Sudáfrica acababa de terminar y yo acababa de volver a Bolivia después de un Máster y de trabajar en ecommerce en Inglaterra, todavía sin saber muy bien qué hacer con eso. Mi mamá me pasó un anuncio del periódico. Se veía medio sketchy: “Gerente para empresa de ecommerce.” No era gerente de nada. Era ser consultor independiente para una empresa que se acababa de lanzar en Miami, operando desde un garaje, con un par de empleados a distancia. Esa empresa era GOJA. Ese día conocí a Walter, y aunque ninguno de los dos lo sabía todavía, esa tarde se estaba abriendo una puerta que Bolivia iba a cruzar durante los siguientes dieciséis años.
Lo que siguió no fue necesariamente un plan, fue una constante iteración. Dos años probando que lo que hacíamos desde ese garaje realmente funcionaba, hasta que en 2012 dejó de ser un experimento y GOJA Bolivia se formalizó. Me convertí en el Gerente General y Presidente. Dos años después, en 2014, pisé Miami por primera vez, sin sospechar que ocho años más tarde esa ciudad sería mi casa; la visité como quien visita la sede de un cliente, mirando mi futuro de frente sin reconocerlo.
Lo que más me cuesta explicar, sin sonar exagerado, es lo que pasó después: construimos una industria, no una empresa. Nacieron marcas como MagicFiber y Altura Photo; esta última con un nombre que es, en el fondo, una carta de amor a La Paz, a la altura, de dónde venimos. Después vino ser partner de las empresas más grandes de fotografía, Canon, Sigma, Tamron y Sony. Mucho después llegaron Luna Bean, UpNature, Alpha Grillers, Love Lori, etc.
En 2017 nuestra tecnología que hacía que esto sea posible tuvo un nombre. Llevamos Riskless, el sistema de tráfico, inventario y pricing que habíamos construido, hasta Collision, y ahí, frente a un escenario internacional, algo que habíamos armado en Cochabamba tuvo validación fuera de nuestras propias fronteras. Pero lo que más me importa no son las marcas ni ese escenario. Es que ese trabajo terminó generando cientos de empleos dentro de GOJA a través de los años. También creó trabajo fuera de GOJA: ex empleados trabajando en empresas para el extranjero o creando empresas de diseño, software para ecommerce, customer service, supply chain, accounting. Gente boliviana haciendo trabajo de clase mundial para un mercado que nunca fue Bolivia. Cientos de bolivianos que aprendieron lo que es emprender, lo que es competir en serio en el mundo. Ese es el corazón de esta historia: Bolivia no necesitaba ser el mercado para ganar. Necesitaba la oportunidad de ser la fábrica de talento, y la aprovechó mejor de lo que cualquiera hubiera apostado en 2010. Es hasta loco pensar que GOJA es el vendedor de Amazon con raíces hispanas más grande del mundo, y que en cierta parte nació en un país donde hasta la fecha no existe Amazon.
Con el tiempo llegó un quiebre distinto al que la gente imagina cuando escucha “ascenso.” Pasé de tener bajo mi cargo una operación entera en Bolivia, donde era, en los hechos, dueño de todo lo que pasaba ahí, a ser responsable de una función específica dentro de algo mucho más grande: supply chain, merch ops, compliance, Customer Service como VP de Operaciones. Menos control total. Más profundidad en un dominio. Fue la primera vez que sentí, de verdad, lo que significa operar dentro de una estructura que no diseñé yo solo. Y no mucho después llegó la mudanza a Miami, el cierre de un círculo que se había abierto años antes sin que yo lo supiera. La diferencia importa: no me fui a buscar la oportunidad. Ayudé a crear una empresa que creció lo suficiente como para traerme a mí. Eso solo pasa cuando lo que construiste desde un garaje en Cochabamba valía la pena escalar.
Hoy vuelvo a construir sistemas, estoy transicionando a Vicepresidente de Tecnología y AI, solo que esta vez no es una operación local sino la infraestructura que sostiene marcas mundiales, líderes en su rubro; el mismo instinto de arquitecto que tenía en el garaje de 2010, aplicado a una escala que entonces ni imaginaba. Y en algún punto de este camino dejé de ser solamente empleado para volverme también parte, dueño de una porción del destino que ayudé a construir. No lo digo como bandera; lo digo porque cambia la naturaleza de estos dieciséis años. No fueron dieciséis años de trabajar para alguien. Fueron dieciséis años de trabajar siendo parte de ese algo, empleado y dueño de mi propio destino a la vez.
Si tuviera que resumir estos dieciséis años en una frase, sería esta: Bolivia solo necesitaba una oportunidad. GOJA fue esa puerta, y del otro lado, un país entero de gente talentosa demostrando que podía competir, construir, y ganar en un mercado que ni siquiera pisamos. Ese anuncio “medio sketchy” que mi mamá me pasó en agosto de 2010 no era un trabajo de gerente. Era una invitación a que Bolivia se sentara en la mesa. Han pasado dieciséis años y todavía estamos sentados ahí, con más gente en la mesa cada año que es tocada por esta magia que hacemos juntos.
Felices 201 años mi Bolivia amada, prometo desde donde esté representarte con orgullo y seguir creyendo que desde ese país se pueden construir empresas globales. Devolverle algo que importe a la tierra que me vio nacer.
A la vida dale lo que pidas.

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